Artículos de Opinión y Poesías con el fin de darle una visión cristiana católica a los temas del momento. Formación Apologética Entretenimiento
miércoles, 29 de mayo de 2019
viernes, 10 de mayo de 2019
lunes, 29 de abril de 2019
LA LUCHA SIGUE CON “BOY ERASED”
Al igual que el comunismo busca crear enemigos donde
inicialmente no los había, nos corresponde vivir la era ideológica de una
batalla absurda entre la fe cristiana y la homosexualidad. Y parte de esta
lucha ha sido sabiamente guiada por inteligencia angelicalmente superior desde
el mundo del consumo masivo del arte, cine, redes sociales, etc.
He visto la película Boy Erased y reconozco que tiene
un mensaje acertado desde el punto de vista humano. Catalogándola como una
película para crear conciencia y de cierto nivel de protesta, expone los
infelices casos de personas que siendo víctimas de un fundamentalismo religioso
les trataron de cambiar su inclinación homosexual usando métodos violentos,
psicológicos y hasta físicos, utilizando
a Jesús, nuestro Señor y Salvador, como excusa. Por supuesto, en estas
películas, la fe, la tradición cristiana y la Verdad revelada se suman al lado
de los villanos porque, tomando mi idea inicial, hace falta un culpable, un
malo y un bueno, una víctima y un victimario.
¿Dónde radica el problema?; ¿debemos cambiar el
mensaje y la enseñanza doctrinal de la Iglesia de categorizar la práctica homosexual o los actos
sexuales homosexuales como condenatorios del alma? El fin último de estos
mensajes ideológicos pro-homosexualidad es fomentar un rechazo a la ley de Dios
conocida y adaptar a Dios a nuestra verdad, como lo refleja el diálogo final
del padre (pastor) con su hijo de tendencia homosexual, quien le diría a su
papá que él era gay y él no iba a cambiar y que si quería seguir teniendo
contacto con él,el que debía cambiar era él (el papá), porque para el padre su
fe y el mensaje de Dios era importante, es decir, como pastor, predicaba sobre
los actos condenatorios. El padre al final le dice que lo intentará y esto se
fusiona perceptivamente para los consumidores de la obra en la interrogante:¿no
debería la Iglesia cambiar su postura y enseñanza sobre el tema de la
homosexualidad? Muchos Obispos y formadores de la fe han caído en esta trampa y
se han dejado llevar por los pensamientos del mundo. Entonces ¿qué hacer?
Las consecuencias de ello, en el corto tiempo, serán
similares a las que narró en su reciente carta el Papa Emérito Benedicto XVI
sobre la pedofilia y su aceptación social iniciada en los años 60 (del siglo
XX) así como la revolución educativa sexual. Sé que la Iglesia, la llevada por
el sucesor de Pedro, no cambiará, pero sí sé también que muchos se pasarán por
el forro la fidelidad a Roma y predicarán doctrinas falsas. Lo que es pecado lo
fue, lo es y siempre lo será, porque si el mismo Jesús dijo que no cambiaría
una tilde de la Ley ¿quiénes somos nosotros para cambiarla?
Hoy, como padre, sé que mi hijo, biológicamente varón,
deberá crecer con estos debates de conquista de la agenda LGBT, y también sé
que como el pasaje del hijo pródigo, como su padre, viva lo que viva o sea lo
que sea mi amor por él no deberá jamás cambiar. Pero aunque parezca lo que diré
parecido al fundamentalismo del padre (pastor) de la película, no es la
enseñanza del YO lo que le llevará a la felicidad de estar con su Creador, no
es la felicidad finita, los placeres finitos, los supuestos derechos a ser
felices y vivir en libertad lo que sintamos, porque guiados por esos
pensamientos sería justo serle infiel a mi esposa, matar al que me caiga mal,
juzgar a quien me dé la gana y ser mi propio dios. Los pensamientos ideológicos
son finitos y solo tienen cabida en esta corta y fugaz vida, pero la Verdad de
Dios es eterna y costó desde su amor infinito la muerte en la Cruz de nuestro
salvador.
La respuesta ala homosexualidad no está en terapias de
shock fundamentalistas, humillantes. Está en lo que decía San Agustín que todo
lo que hagamos lo hagamos desde el amor. Si corregimos lo hacemos con amor. Y
es ese amor, que San Juan definió como Dios mismo (“Dios es amor”) es la clave
para vivir la conversión del renunciar al YO para vivir solo para aquel que
“nos amó hasta el extremo”. Así le dije a un joven que me preguntó sobre la
homosexualidad: “colócala en las manos de Dios” y esa es la clave de ella. ¿Te
acerca la homosexualidad o heterosexualidad a Dios, te santifica según lo que
él quiere de ti? ¿Te da paz? Si buscamos la respuesta con honestidad en lo
profundo de nuestro corazón sabremos responder como María al ángel Gabriel: “Yo
soy la esclava del Señor, hágase en mí según su Palabra”. Dios los bendiga, nos
vemos en la oración.
Luis Tarrazzi
sábado, 20 de abril de 2019
DIOS NO TE SACÓ DE VENEZUELA SIN PROPÓSITO
Hoy le quiero dedicar unas líneas a
todos mis amigos que se fueron de Venezuela buscando un mejor futuro, pensando
en el futuro de sus hijos, en su propio bienestar y seguridad. Pero en especial
se lo dedico, en una fecha como hoy (sábado santo de 2019), a los que compartíamos
momentos en la Iglesia de San Agustín (Carpa Fray Luis de León) de los
agustinos recoletos. El canto, la alegría, el reclutamiento de nuevos miembros,
y el trabajo en equipo era la norma. Latinoamérica y en especial nuestra
bendita tierra Venezuela si algo tiene es juventud, una juventud que en frase campamentista cantaba: “nuestra fe no puede descansar, QUE NO QUE NO PERO QUE
NO”.
San Juan Pablo II en sus visitas por
este nuevo continente anunciaba de forma profética que este sería el continente
de la esperanza. Ya los signos de una Europa secularizada, envejecida, con
grandes templos vacíos, advertía lo que hoy se ve y se vive. Europa con sus
leyes, modernidad y tecnología desplazó a Dios poco a poco. ¡Y ojo!, América no
está ajena a este peligro, lo que pasa es que la necesidad y la corrupción, la
pobreza y otras calamidades sociales han mantenido el hilo de fe. En efecto,
donde abunda la necesidad la fe se sostiene aunque no de forma de alabanza sino
de forma de clamor (esto sería tema para otro artículo).
Así, Venezuela, el país de mayor calamidad
socio política de los últimos 17 años (por lo menos), empezó a exportar, de
manera forzada, una de nuestras mayores riquezas, su juventud. Cuando vi partir
amigos y conocidos en la fe muchos temores embargaban mi mente, muchos
cuestionamientos, ¿debíamos hacer lo mismo?, pero también entendí, y así lo he
creído porque ha sido lenguaje de la providencia divina en mi vida, que cuando
Dios nos quiera mudar nos muda, abre caminos donde no los veía y eso, a nivel
fronterizo, no ha ocurrido. Así entiendo que de momento Dios nos quiere acá, a
mi familia, y nos asiste con su poder y providencia. Pero los que marcharon,
Dios sí que los quería donde están. Y en especial los que buscaron el viejo continente
porque tienen una labor de evangelización. No pocos me han comentado que desde
que llegaron se activaron en parroquias o grupos. También los que migraron
dentro de la misma región Sur (Colombia, Chile) están activos en labores de
evangelización. Hay trabajo, Cristo los formó para algo, Cristo nos pide
fortaleza y fidelidad, formación y voluntad de servicio. Y aunque se les
extraña full sin duda es un gusto saber que el Cristo que desde lejos ven en el
Sagrario es el mismo que yo contemplo desde acá, que las misas que escuchan, en
esencia, contienen las mismas lecturas, la misma profesión de fe, el mismo
Padre Nuestro. Por eso siempre digo: “nos
vemos en la oración”. Eso fue lo que mantuvo unido a los apóstoles en la
distancia, ese es el aspecto universal de nuestra fe, eso es lo que nos hace
una sola Iglesia.
Estén donde estén, que la fuerza de
la Verdad los mantenga unidos como
familia, en la Iglesia doméstica. Que estén donde estén, no se dejen seducir
por las trampas de la mundanidad (sexo, drogas, moda, relativismo, paganismo,
sincretismo). Estén firmes en la fe y quizás cuando regresen o nos veamos en la
Iglesia triunfante ya nada nos separará de disfrutar eternamente la Gloria de
aquel que nos amó hasta el extremo. Dios los bendiga, Felices Pascuas de Resurrección y recuerden: nos vemos en la oración.
Luis Tarrazzi
@twitter: @luistarrazzi
lunes, 15 de abril de 2019
DIOS PROTEGE SU IGLESIA, NO NUESTROS MUSEOS
Una de las profecías que más duramente tuvo que ver el pueblo
de Israel fue la que vaticinó el profeta Jeremías quien advertía de la
destrucción del templo judío tras hondas iniquidades que ejercía el pueblo de
Dios. Siglos después, Jesús advertía nuevamente que no quedaría piedra sobre
piedra refiriéndose al mismo templo, cuya segunda destrucción fue definitiva y
hoy solo queda el muro de los lamentos.
La noticia que se volvió tendencia el día de hoy, 15 de abril
de 2019, son los daños por el fuego que ha sufrido la emblemática catedral de Notre
Dame, en Francia, que tal como decía un entrevistado en la radio, es un punto de referencia turístico para
cualquier persona que visitara Francia. Un lugar de donde no podías
regresar sin una foto. Y es que en efecto, en muchísimos países de Europa, en
especial Francia, el cristianismo que queda es el cultural, el de museo.
Comenzando por leyes y modas sociales ya no hay casi ninguna
influencia de esta fe en sociedades que han progresado muchísimo en el
desarrollo tecnológico, en la libertad del pensamiento (cultura del
relativismo) y en sus economías.
Cuando escuchamos de este incendio quizás pensemos en la
referencia histórica que data del siglo XIII, pensamos en las bellezas de sus
obras, vitrales, reliquias, arquitectura, pero ¿pensamos en el sagrario, en la Eucaristía,
en lo sagrado del lugar? Quizás pensamos en algún posible atentado o
intencionalidad (por comprobar) pero ya cuando una Iglesia se transforma en
museo generalmente su esencia, su sentido, su razón de ser ya estaba quemada.
Me entristece lo que este incendio significa, me entristece
que el mundo sufra pérdidas culturales y que el cristianismo, justo en tiempo
de semana santa, viva un golpe así. Pero Dios no vino al mundo para ser museo
de su historia sino para ser camino, VIVO, ACTIVO Y PERSONAL, de todos aquellos
que le aceptan y aman. Si hemos escuchado muchas veces que la Iglesia no son
las paredes sino que todos somos Iglesia creo pertinente preguntarnos, cada
uno, ¿qué parte de mi Iglesia está quemada o en cenizas? Dios los bendiga, nos
vemos en la oración.
Luis Tarrazzi
Twitter @luistarrazzi
lunes, 1 de abril de 2019
LOS VERDUGOS DE VENEZUELA
Un verdugo nace de una necesidad de justicia, y en un país
con algo de cultura democrática presidencialista, el verdugo se entiende
erróneamente como un mesías. Si este mesías sabe manejar los lenguajes y conoce
las debilidades sociales, armado de demagogia logrará captar los votos
necesarios para llegar al poder y una vez ahí el país dará espacio, dentro de
sus propias emociones, a su propia ejecución. Eso fue Hugo Chávez Frías para
los venezolanos.
Venezuela no es un accidente social, es el vivo ejemplo de un
país que se acostumbró a vivir bien desde su era petrolera, un país que quizás
no miraba mucho a las necesidades externas de sus fronteras de las cuales nos informábamos
por medios noticiosos y que sin duda, y lo digo como elogio, albergó a
muchísimos inmigrantes que vivieron hambres, guerras y hasta persecuciones. El
capricho de crecer así como país nos hizo ver problemas magnos donde no los
había, pero eso solo se entiende en retrospectiva, del presente hacia atrás.
Hoy hacemos conciencia de que en los años 80 y 90 del siglo XX no vivíamos tan
mal, y eso lo sabemos porque hoy (año 2019) vivimos agudamente mal. Nos quejábamos
de la sarna que no teníamos y eso hizo que el demagogo llegara al poder, con la
bandera ambigua de acabar con la corrupción, de freír a los adecos y copeyanos
y de fundar la Quinta República, comenzando su plan de destrucción implícito;
porque quien tanto roba y por tantos años no puede pretender desangrar al país
y que su corazón siga como si nada.
Los niveles de excitación social eran enloquecedores en
muchos sectores del país (A, B, C y D).
Tenían un líder que los miraba a los ojos. Los necesitados llevaron al poder a
uno como ellos, a “uno del pueblo”.
Ya sobre esto había hablado la periodista Mirtha Rivero en su
libro “La Rebelión de los Náufragos”
el cual no tuve opción de leer por razones económicas pero sí le he seguido el
paso a los resúmenes y explicaciones derivadas de quienes sí lo leyeron. En él
Rivero hace una “crónica sobre la segunda presidencia de Carlos Andrés Pérez
(CAP) en Venezuela entre 1989-1993. La intencionalidad de la autora es la de
brindar al lector una narrativa sobre el episodio que marca el inicio del
colapso del sistema político venezolano fundado luego de la caída de la
dictadura del general Marcos Pérez Jiménez en 1958” http://revistas.usal.es/index.php/1130-2887/article/viewFile/8715/8880.
Un naufragio que en su propio sentido nos habla de revelarse sin un rumbo claro
de a dónde se deseaba ir, solo obtener el poder por el poder.
Los verdugos de Venezuela son todos los que desde la
independencia hablaron de ideales, de conceptos y adoptaron ideas externas sin
generar las propias como sociedad. El ideal de Bolívar, por ejemplo, no era
Venezuela, era la gran Colombia. El ideal de las dictaduras que tuvimos fue el
poder y la represión, sin dudar que en una, como la de Pérez Jiménez, hubiera
crecimiento en infraestructura. Desde inicio de los 90 yo escuchaba en mi niñez
que Venezuela necesitaba otro Pérez Jiménez, pero el chavismo no lo fue.
Invocamos un espíritu y ahora no sabemos cómo salir de él. La izquierda
comunista, socialista radical ¡cuánto daño le ha hecho al mundo!, ¡qué vergüenza
lo que el hombre es capaz de hacer por sostener el poder y justificar sus
ineficiencias!
Venezuela murió. Hoy solo somos una cárcel de 30 millones de
habitantes. Sufrir entre rejas o fuera de ellas sin luz, agua, comida,
medicinas, viabilidad, transporte, unión familiar, angustia y casi hasta sin fe
(apetencia final del demonio) ha hecho de esta tierra bendita una embajada del
infierno. Pero, ¿no hay esperanza?
La hay, en Dios siempre la hay. Un resurgir que vendrá luego
de este diluvio de plagas y tragedias. Quienes se sostengan en el Arca de la
Iglesia, de la fe, esos verán nacer una nueva Venezuela. Esta purga, quizás,
apenas comience. Resistir en la fe es lo único que nos queda, pero no por ser
lo único es desalentador. Cristo camina con la historia de Venezuela. Luego de
la Cruz hay Resurrección. Dios los bendiga, nos vemos en la oración.
Luis Tarrazzi
Twitter: @luistarrazzi
viernes, 15 de marzo de 2019
CASTIDAD SIN VIRGINIDAD
Mucho se ha predicado desde la fe católica sobre la
virginidad. Poniendo como modelo a María Santísima y al mismo Jesús, es un
proyecto de vida individual que
trata de estimular el autocontrol y enmarcar la sexualidad humana, creación de
Dios, dentro de una estructura y proyecto matrimonial familiar.
El discurso sobre la virginidad se ha vuelto una utopía en
las nuevas generaciones. Tanto así que a la hora de hablar de sexualidad
cristiana muchos evitan mencionarla e inclusive, atentando contra la enseñanza de la Iglesia, del catecismo y la encíclica
Humane Vitae, promueven una sexualidad cargada de anticonceptivos, condones
bajo el slogan: “sexualidad responsable”.
Bajo esa estructura y realidad la castidad se ha vinculado
erróneamente como un sinónimo de la virginidad y por eso resulta poco atractiva
para el discurso cristiano, correcto,
de la sexualidad responsable. La castidad puede partir de una persona no
virgen, porque a diferencia de la virginidad que parte de una absolutismo (se tiene – ya no se
tiene), la castidad inicia desde una decisión consciente de abstinencia a
partir de un determinado momento de conversión. Por eso una prostituta, un
promiscuo, un infiel, un lujurioso, etc; puede tener un punto de quiebre e
iniciar un camino de castidad.
En el año 2015 un reconocido actor y productor mexicano,
llamado Eduardo Verástegui, confesó en una entrevista que tenía, para
ese momento, 13 años de castidad. Nótese que este actor, quien recuerdo en esta
entrevista, también había vivido una vida desordenada, muy propia de la vida
cercana al dinero y la fama, no parte de un concepto de virginidad, sino de
continencia. Una continencia que decía evolucionaría en un matrimonio
sacramental, donde los esposos se hacen castos en fidelidad dentro de un
ejercicio de sexualidad que santifica.
Esa trampa es importante que cualquier persona la tenga presente,
y más en este tiempo de cuaresma que vivimos en este año 2019, porque siempre
se puede recomenzar, sanar, liberar con un perdón de Dios que olvida, levanta
y no encapsula tu vida en tu pasado. Si no ¿qué sentido tendría la palabra
conversión en personajes Bíblico como María Magdalena?
La vida sacerdotal, consagrada y matrimonial están llamadas a
la castidad una vez iniciada. En los consagrados la exigencia no es la
virginidad, es la castidad; que si viene de una perfecta condición de virginidad
seguramente será más brillante. En los esposos igual. Esa donación sin defecto,
sin uso, es lo ideal, pero si dado el caso no es factible, la castidad será
inmediatamente el recurso santificante. Recordemos que volvemos a nacer con el
bautismo y también con la conversión. Sin autocontrol no habrá castidad como
virtud. Dios los bendiga, nos vemos en la oración.
Luis Tarrazzi
Twitter: @luistarrazzi
Suscribirse a:
Entradas (Atom)




