domingo, 24 de enero de 2016

EL RECHAZO AL CUERPO DE TRANSGÉNEROS Y PROTESTANTES




En una de las cartas que San Pablo dirige al pueblo de Corinto (1 Cor. 12, 12-30) y siempre de la mano con la bien entendida necesidad de mantener la fe unida, el apóstol utiliza con sabiduría divina una comparación entre la fe y el cuerpo humano. Esa comparación inicia con el reconocimiento de las diferencias, es decir, San Pablo describe que el cuerpo humano si bien tiene muchos miembros y todos con funciones distintas, ninguna de esas partes, aun desconociendo su naturaleza (propio de los transgéneros), deja de ser parte del cuerpo.

En mi título empleo dos realidades que son, explícitamente, contrarias al cuerpo, la primera al cuerpo físico, corrupto y finito; y la segunda al cuerpo místico de Cristo que es la Santa Iglesia Católica.

San Pablo señala que todos los miembros del cuerpo son importantes y necesarios según lo que son. Quizás algunos miembros tengan mayor relevancia aparente que otros pero al final todo lo que nos compone fenotípicamente tiene un por qué, y ese por qué lo descubrimos conscientemente cuando ese miembro falla, se hiere o nos es mutilado. La paz en estos conceptos parte del hecho de aceptar la naturaleza de lo que somos. Imaginemos que el oído se sienta ojo o que el ojo se sienta nariz. Ese sentir no hará que el oído vea ni que el ojo huela, así legalmente se cambiaran las identidades.

El rechazo al cuerpo místico (propio de los protestantes) va en un sentido más amplio, porque es el rechazo total a un cuerpo que por el bautismo (sacramento común en toda la comunidad cristiana que nos hace hijos conscientes de Dios) formamos parte. El protestante es un miembro que sería bien descrito en esta enseñanza de San Pablo: “puesto que no soy ojo no soy del cuerpo, ¿dejaría por eso de ser parte del cuerpo?” Esta realidad es el deber ser de todo intento ecuménico de unir las denominaciones cristianas, haciendo ver que aunque no se sientan parte del cuerpo místico de Jesús sí lo son por el bautismo y por la fe en Jesucristo.

Los conflictos de identidad son percepciones que en milímetros, centímetros o metros marcarían una X desde la realidad natural hasta tu realidad perceptiva, es lo que somos vs lo que creemos o queremos ser. Creer o querer no doblega lo que se es desde un punto de vista natural y funcional.

Así como en los tiempos de universidad el querer ser médico no te da la licencia sino el esfuerzo de pasar por un proceso selectivo y evaluativo que determina tus capacidades para esa labor, así la naturaleza marca tus actitudes y aptitudes para lo que se espera de ti, lo que Dios espera de cada uno de nosotros.

Rechazar el cuerpo físico que Dios nos dio y el cuerpo místico (la Iglesia Católica) que Cristo nos ganó a fuerza de cruz no da paz, ni es un gesto de humanidad. Es en realidad el alimento de un engaño que económicamente interesa mucho a quienes viven científicamente, legislativamente y pastoralmente de ello. Médicos que cambian el sexo de las personas, políticos que defienden los derechos de uniones homosexuales y el ser reconocidas como familias con abiertas posibilidades de adopción y pastores de iglesias cristianas cuya única legitimidad la encuentran en su propia percepción de la Palabra de Dios, sin tradición ni vínculo histórico con la verdad.

Rechazar la naturaleza de lo creado es rechazar al Creador. Educar que ese rechazo es un “derecho humano” que se debe imponer en nuestras legislaciones es un pecado que me recuerda esta frase de Cristo: “aquel que haga caer al más pequeño de estos más le valdría que le aten una piedra y lo lancen al fondo del mar” (Marcos 9,42). Dios los bendiga, nos vemos en la oración.

Lic. Luis Tarrazzi

jueves, 21 de enero de 2016

MEJOR ESCLAVO QUE SOBERANO


Sé que la sola afirmación es algo grotesca pero permítanme explicarle el por qué de mi título. En mi país Venezuela, y sé que también es lenguaje de muchos países del mundo (si no todos), el tema de la soberanía y la autodeterminación de los pueblos pareciera estar de moda. Muchos políticos nos hablan de la importancia de tener un sentido de pertenencia hacia nuestro país natal, defender nuestras costumbres y valores e inclusive, como lo propuso una vez el fallecido presidente Hugo Chávez Frías, la revolución bolivariana debía ser defendida aunque pasáramos hambre y necesidad.

Clint Eastwood, el reconocido actor y director de películas de Hollywood expresó una vez: “Quizás algunos países necesitan un dictador” y es lógico suponer que su frase para muchos resultó escandalosa, pero en mi opinión es verdad.

La soberanía y la independencia requieren de una madurez ciudadana que no todos los pueblos y regiones tienen. Pensando sobre esto me vino a la mente la conocida parábola del hijo pródigo. Este, dependiente del Padre, pide independizarse, pide la parte de su herencia y se va. Y estando lejos, independiente, su pésima administración y conceptos de vida lo hacen inclusive reflexionar que hasta los sirvientes de su padre vivían mejor que él En esa oportunidad la aventura de independencia le hizo volver con recursos despilfarrados y con un sentido de culpa elevado al máximo.

Acto seguido, ya no a nivel de parábola sino de historia, el pueblo de Israel en el desierto con Moisés, tras meses de monotonía alimenticia tienen el gesto de ingratitud de mirar con nostalgia para atrás, al reino de Faraón, y pensar que en Egipto “tenían qué comer”, es decir, vivían mucho mejor que ahora como pueblo libre.

Considero que el problema no es la soberanía sino el reconocer que todos somos siervos y que esa condición de siervos nos lleva a poder tener dos clases de amo: los del mundo o Dios. Nuestra madre, la Santísima Virgen María, que es Reina de todo lo creado, ella misma se declara sierva de Dios en el Magníficat (“porque ha mirado la humillación de su sierva”) y así, entregada a la providencia de Dios, logró que nada le faltara para vivir y se apartó de los engaños del demonio.

Nuestros políticos no pueden pretender que los pueblos sean soberanos sin primero tener nociones claras de civismo y responsabilidad ciudadana. Nuestros políticos no pueden pretender abogar a la soberanía y la autodeterminación de los pueblos cuando TODO lo que consumimos depende del mismo planeta, creado por Dios, que nos da el agua y alimento que luego comercializamos. ¿Somos autónomos?, ¿qué pasaría si no lloviera más o si las tierras no dieran ningún alimento?, ¿podría nuestra autodeterminación hacer llover o darnos de comer? Esas nociones ideológicas demagógicas nos quieren hacer pensar que somos libres y soberanos pero al final siguen siendo unos pocos quienes están dictando los caminos del mundo, las necesidades del mundo y las corrientes del pensamiento.

La única forma de superar la esclavitud es cuando Cristo, desde nuestra santidad sufrida y sudada, nos diga: “a ustedes ya no los llamo siervos sino amigos”. Hasta entonces, no presumamos ser reinos ni naciones que, dándole la espalda al Creador, actúan como los viñadores asesinos dueños de una viña que no les pertenece.

Las Malvinas expresaron que no querían separarse de Inglaterra. Cataluña hoy se revela a la constitución española y se autoproclama nación independiente. Otros hablan de imperios y conspiraciones. Se escandalizan cuando sobrevuelan cielos “de  países” o “aguas de países”. Partimos de un mundo dividido, partimos de pueblos que solo cambian de colonos pero siguen colonizados aunque sus opresores tengan su misma nacionalidad. Si el dictador es extranjero es invasión, si es nacional es “autodeterminación”.

El punto final de mi opinión no es que seamos libres o esclavos, es respondernos a la pregunta de si siendo libres o esclavos ¿a quién estamos sirviendo? Es concientizar si somos lo suficientemente capaces, como personas y sociedad, de convivir responsablemente con principios de república que permitan crecer a sus habitantes y no cambiar colonos por una suerte de políticos nacionales que nos digan que los únicos que nos pueden gobernar son ellos como si fueran una suerte de padres de familia ante niños indefensos.

No sé si los países deban ser soberanos o dependientes, pero sí pienso que mientras no sirvamos a la verdad jamás seremos libres, porque la promesa es que “la verdad nos hará libres”. Dios los bendiga, nos vemos en la oración.

Lic. Luis Tarrazzi

miércoles, 20 de enero de 2016

SEXO, SIN DIOS, TIENE TARIFA





La llamada profesión más antigua del mundo (sofisma laboral) resulta que en los tiempos modernos ha variado sus formas y morales, ya que como muchos aspectos de la vida social, dentro de su práctica, el nivel más bajo y común sería la prostitución de calle y el nivel más discreto y al parecer más aceptado es el de acompañantes sexuales de élite.

Lo que podría justificarse desde una necesidad económica o pobreza extrema hoy ofrece una rápida posibilidad de riqueza y ascenso a placeres humanos (bienes y servicios) a las nuevas generaciones femeninas. Hoy, aunque suene radical, todas las mujeres del mundo están expuestas a la atractiva tentación de cambiar su sexualidad por dinero, es decir, ser oportunistas sexuales.

Los estratos del poder y el dinero tienen un alto y escandaloso consumo de sexo ilegal o amoral, hasta el punto de que el tráfico de menores de edad para estos fines no deja de ser noticia. No hay países pobres o ricos, desarrollados o subdesarrollados, porque esta realidad trasciende fronteras. Muchos políticos, empresarios y tristemente hasta religiosos (no solo católicos) viven en un submundo moral de lujuria, alcohol y drogas; porque sí, muchos veces el sustento de estas realidades proviene de capos del narcotráfico.

Llama la atención como los testimonios de jóvenes que han logrado salir de estas vidas o han sido rescatas de esta explotación y esclavitud no hablan de secuestro y violación, sino de una estrategia que parte de las emociones y la psicología. De ese sueño de ser reconocidas como hermosas, deseas y atendidas. Un tema donde la autoestima pareciera estar por el piso y estos depredadores, citando a San Pedro, “andan como león rugiente buscando a quien devorar”.

Eso me ha hecho pensar y aceptar algo que cuando estudiaba en la universidad me negaba a reconocer. Un día un profesor universitario nos dijo en su cátedra estas palabras: “Todos tenemos un precio” y añadía que probablemente en algunos era muy alto pero cualquier aspecto moral de la vida era doblegable desde el poder con la ayuda del dinero. Me rehusaba aceptarlo pero cuando uno escucha historias como las del Chapo Guzmán y su vinculación con modelos, actrices o personas del arte, mujeres que a cambio de dinero o poder daban libremente placeres corporales a este hombre nada agraciado y que hoy hasta marca tendencia de moda por las “camisas del chapo”, vemos que aquella radical y ofensiva afirmación de mi profesor tenía bases.

Solo una cosa detiene tanta hambre y sed de mundo: “El hambre y sed de Dios”. Es como lo reza el salmo 41(40) “Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío”. Así, no es el dinero el que marca la pauta ni el poder, es nuestra sed y nuestros conceptos de cómo calmarla. Quien busca mundo el dinero puede darle todo. Bajo esa línea cualquier mujer podría ser llevada a la cama por una buena tajada de dinero. Pero quien busca a Dios el dinero es inútil, estéril, hasta absurdo. Quien mantiene conceptos de santidad, gracia y eternidad en su línea de primeras necesidades comprenderá aquella respuesta de Jesús a Satanás cuando este le tentaba desde el hambre, Jesús le dijo: “No solo de pan vive el hombre sino de toda palabra que sale de la boca del Señor”.

Si nuestras jóvenes no conocen y entienden el mensaje de Jesús están muy expuestas a convertirse en instrumentos de placeres para enfermos sexuales, sádicos y pedófilos. Si nuestras jóvenes no viven y entienden el papel de Jesús en nuestra historia de salvación están expuestas desde el internet, las modas y la sociedad a vivir en destiempo experiencias sexuales vacías, pobres y en casos más miserables aún ser usadas por nada. Porque la prostituta recibe dinero a cambio de sexo pero quien entrega su sexualidad solo por placer queda expuesta moralmente a conceptos y adjetivos de: fácil, ligera, mujerzuela, regalada.

En María, finalmente, hay un concepto puro y claro de la riqueza de la virginidad, la gracia del no pecar y sobre todo de tener la mirada solo puesta en Dios, porque como señalaba Santa Teresa de Jesús: “…solo Dios basta”.

¡Luchen padres de familia!, luchen porque el enemigo es astuto y hábil. Entra con razones de mundo y en el mundo no hay razones para no dejarlo entrar. Solo Dios detiene su accionar. Dios los bendiga, nos vemos en la oración.

Lic. Luis Tarrazzi

miércoles, 13 de enero de 2016

CARTA ABIERTA COMISIÓN DE LA FAMILIA DE LA ASAMBLEA NACIONAL



Distinguidos diputados:
Presidente Comisión:        DIPUTADO WILLIAM GIL
Vicepresidente Comisión: DIPUTADO JESÚS ABREU

Quizás les pueda asombrar que a menos de 24 horas de su nombramiento oficial a la comisión que presiden reciban una carta abierta cuando estas cartas por lo general se emiten en función de crítica de alguna decisión o gestión. Pero el caso que me motiva a escribirles no es en absoluto una crítica sino una motivación para esta comisión que en la sociedad puede resultar la más importante, en términos de defensa de la familia, matrimonio y valores morales.

Es sabido, y no lo juzgo porque  la democracia se fundamenta en eso, que en la asamblea hay un proyecto de ley que buscaría, entre otros aspectos, legalizar uniones homosexuales algo que a su vez deriva en la posibilidad de adopciones para las parejas afines a esta tendencia sexual, la legalización del aborto y la eutanasia. Todas estas legalizaciones que avanzan a pasos gigantes en el mundo “desarrollado” es muy probable que ustedes pronto se vean en la democrática tarea de debatirlas.

Para estos temas hay una suerte de veto implícito hacia la fe cristiana católica, un veto bien pensado por los que apoyan estas legalizaciones porque muchas veces más que un interés por desarrollar un debate de altura sobre el tema se busca desde el discurso de las minorías, la discriminación y la intolerancia (podría decir sin querer ser ofensivo: desde la lástima emocional) que sea aprobado sin mayores cuestionamientos, en parte por el esnobismo social que señala a los que se oponen a dichas propuestas como homofóbicos

Mi intención es que cuando este debate se dé y si ustedes presiden dicha comisión tocándoles dar los  espacios pertinentes al tema, no excluyan un valor educativo de tradición y bases históricas (también divinas) como lo son los argumentos y principios cristianos. Denle espacios a científicos, psicólogos, médicos, sacerdotes y laicos en general que también argumentan con estudios el por qué la familia bajo la visión de Dios debe ser respetada como base de una sociedad sana, es decir, la visión: "hombre y mujer los creó" 

Muchas personas piensan que en Venezuela todavía se vive un atraso de género por ser uno de los pocos países de la región donde este debate no se ha dado. Pues yo más bien veo eso como una virtud si este tema no ha calado más que por temas discriminatorios  por un tema de identidad cristiana, algo que mi país tiene el honor de conservar de costa a costa con sus devociones marianas y su larga fe en Jesús.

Dios los guíe en este año de presidir esta comisión y en los cinco años de labor parlamentaria y que esa guiatura esté centrada en saber escuchar la voz de Dios que se refleje en una enseñanza para los ciudadanos de este país. Dios los bendiga, nos vemos en la oración.

Lic. Luis Tarrazzi