jueves, 9 de julio de 2015

MI RESPUESTA




Pensé mucho para incluir esta imagen en mi artículo, porque hay personas que se quedan con la imagen y no profundizan en la información, es decir, se quedan con el título del libro sin leer su contenido, sin embargo me arriesgaré.

Es triste, muy triste, cuando a nivel mundial se quieren torcer las verdades reveladas en Jesús; pero esto es más comprensible que ocurra porque no todo el mundo, por ejemplo, es cristiano. Las recientes encuestas revelan que solo 34% de la población mundial practica esta fe. Sin embargo, esta pregunta que hace la imagen no va dirigida al global, sino explícitamente a los cristianos.

Llama la atención la excesiva credibilidad en la genética. Los cristianos no somos genetistas, nuestra fe no está basada en los genes ni estos dictan nuestra moral. De hecho, los genes forman parte de nosotros, son parte de la obra de Dios. Por eso, un gen es quizás el prólogo de un libro llamado Hombre o Mujer, en su estructura biológica, que morirá junto con este cuerpo, no formando parte del alma; no siendo la fuente de nuestra verdad. Los genes requieren ser INTERPRETADOS, los genes no son dogmas. Su mayor riqueza, ayudar a prevenir enfermedades hereditarias. Los genes por sí solos, sin el hombre, no sirven para nada.

Ahora bien, como cristiano, y más si cristianos aprueban posturas así o las comparten, ¿cuál es la respuesta lógica? La respuesta lógica es que la pregunta no debería existir, para luego necesariamente y sin ambigüedades agregar un NO. ¿Por qué no?, porque la fuente de nuestra moral es la revelación depositada en la Iglesia Católica, dada por Jesús y transmitida por el Espíritu Santo según la disposición y tiempo del Padre. Un cristiano afirma, sin temor, que Dios no hace personas con tendencias homosexuales. No las puede hacer porque hacerlas sería uno de los sadismos morales más grandes. Sería decir, Dios te hizo homosexual y luego te dice, según su revelación, que practicar la homosexualidad es pecado mortal. ¿Parece esto lógico?

Detenerme a citar pasajes donde se expone claramente la moral de la fe en torno a la homosexualidad podría ser una pérdida de  tiempo para quien no quiere creer o entender. Pero solo recordaré esto. Jesús no fue un rompimiento entre lo que se conocía como verdad (era pre cristiana), y su legado post cristiano. El dijo, y lo cito: “No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Sí, os lo aseguro: el cielo y la tierra pasarán antes que pase una i o una tilde de la Ley sin que todo suceda”. (Mateo 5,17-18). Y esto aplica para todo, inclusive para la homosexualidad.

¿Esto es homofobia?, no. Y lo digo porque particularmente conozco y aprecio a personas con esta tendencia. Pero de esto a llegar a afirmar que en el vientre de una madre, donde Dios fecunda la vida, habría un ser ya definido genéticamente homosexual lo tildo de ofensa punzante contra ese ser que nos ama hasta el extremo, AUNQUE LA GENÉTICA LO AFIRME. ¡Cuánto empeño en defender tendencias sexuales!, ¿Y es que un homosexual al morir seguirá siendo homosexual en la eternidad? Hasta sobre esto Jesús también puso el peso en la importancia, en lo fundamental, cuando dijo: “Ustedes están equivocados; a lo mejor no entienden las Escrituras y tampoco el poder de Dios. Pues cuando resuciten de la muerte, ya no se casarán hombres y mujeres, sino que serán en el cielo como los ángeles”. (Marcos 12,24-25).

¿Si la genética dijera que una persona será un asesino, violador, corrupto, los no cristianos estarían a favor de abortarlo? Hay una intención a determinar todo por la genética, inclusive preferencias y gustos. Esta será la nueva esclavitud del hombre, eliminar su libre albedrío por arrodillarnos ante los genes. Al final, los derechos de libertad que tantos defienden terminarán gestando a un dictador indestructible para el propio hombre, un dictador que expulsa a Dios de la mente , crea una fuente de verdad basada SOLO en la ciencia y donde decidir no tendrá ningún valor, porque tu libro genético ya habrá hablado todo por ti. ¿Es la  genética el horóscopo de la ciencia? Dios te bendiga, nos vemos en la oración.

Lic. Luis Tarrazzi


martes, 7 de julio de 2015

¡CUANTOS ENFERMOS!



En una programada visita que tuve que hacer a una clínica caraqueña recientemente pude notar, con cierto pesar, que el tema de los enfermos, en mi país y seguramente en todo el mundo, es sin duda el desafío social más grande a vencer. No porque las personas se enfermen, eso es parte de la vida, sino por tres factores que considero claves: Primero, decadencia de los servicios de salud públicos que obligan a las personas, sobre todo de bajos recursos, ir a clínicas privadas con sus altos costos, segundo,  el drama de no contar con una ciencia médica de vanguardia al alcance de todas las personas y;  tercero, lo más duro, enfrentar la enfermedad en soledad.

Solo hablaré del último punto porque los dos primeros, siendo muy importantes, requieren macro soluciones de gobiernos que hasta ahora, sin duda alguna, les ha importado EL MÍNIMO los asuntos de salud, por lo menos en mi país. Pero el acompañamiento del enfermo es algo que todos, absolutamente todos, podemos hacer, más cuando se trata de un ser querido.

Imagino a un enfermo de cáncer que le toque llevar su enfermedad solo con la compañía de quien amenaza su vida, en compañía de ese tumor inesperado, con el adjetivo de maligno. Esto es tan horrendo de imaginar como aquella característica que describía Santa Faustina en su visita al infierno, llevada por un ángel, donde decía que uno de los tormentos del infierno, para cada condenado, era la ETERNA COMPAÑÍA DE SATANÁS. Jesús dedicó mucho tiempo a los enfermos, los evangelios nos hablan de consuelo, perdón y sanación, lo cual derivaba, en la mayoría de los casos, en conversión. Un enfermo debe saber que su principal compañía no es la enfermedad, ni la angustia, sino Dios y su voluntad. La compañía de Dios siempre da tranquilidad pero hay que reconocer que la voluntad genera incertidumbre, porque la voluntad de Dios, aunque siempre es buena, su recorrido no siempre es claro para nosotros. Así la voluntad se alimenta de la fe y la fe de la obediencia.

A veces el tema de la enfermedad lo abordamos solo si nosotros estamos enfermos, si nosotros somos la víctima. Peor ¿cuál es nuestra respuesta al enfermo cuando el rol que se nos pide es acompañar, ayudar, simplemente estar ahí? Ver personas solas, llevando la pesada cruz de una enfermedad, sin un Cirineo a la vista, dispuesto, da mucho pesar, muchísimo pesar.

Tomografías, biopsias, resonancias, citologías, mamografías (cruces de sentencia) o radioterapias, quimioterapias, operaciones, amputaciones, trasplantes (cruces de dolor) necesitan un Cirineo, uno o varios, que estén dispuestos a llegar al Gólgota, de ser el caso, y estar hasta el final a los pies de esa cruz.

No se trata de las palabras que digamos, ni del apoyo económico; a veces el peso de la cruz es tan grande que quita el aliento y priva el habla, pero si estamos ahí, el dolor se hace llevadero, más tolerable. Permitir las lágrimas, secarlas, abrazar y hacer sentir el apoyo y el amor. Al final, pocos pueden presumir no haber tenido o tener a un enfermo en su entorno, en sus familias, pero ojalá todos podamos decir,  como Juan el apóstol, que estuvieron con esa persona hasta el final. Dios los bendiga, nos vemos en la oración.

Lic. Luis Tarrazzi  

lunes, 29 de junio de 2015

IGLESIA, ¿MEJOR CALLADITA?





Sobre la reciente aprobación de las uniones homosexuales, desde el punto de vista de legalizarlas, en los Estados Unidos, no sé si exagero al decir que la única que saltó con una firme posición en contra, fue la Iglesia Católica. Muchos seglares y laicos dieron un paso al frente opinando sobre cómo esto va frontalmente en contra de la voluntad de Dios.

No pocos, entre ellos católicos de nombre pero mundanos de corazón, apegados a una falsa y consentidora misericordia que en nada se acerca a la misericordia de Dios, saltaron al ruedo para apoyar, (con colores, con aplicaciones, compartiendo imágenes) esta decisión. Pero llamó poderosamente la atención, primero a mi esposa y luego a mí  el escrito de un conocido donde argumentaba, diríamos de manera muy clara y fluida, el por qué la iglesia no debía opinar al respecto porque al final esto era un tema civil y no religioso. Y si es justa la separación entre lo civil y lo religioso entonces este argumento tendría toda la razón. Pero, ¿es así?

Comencemos por la creación. Un creyente cristiano católico cree que Dios lo creó todo. Es decir, nada existe en el mundo que no sea directa o indirectamente creado por Dios. Todo lo que existe, natural o artificial, necesita de Dios. Edificios, carros, computadoras, etc; se hacen con derivados de lo creado. Eso, por cierto, nos incluye. Nosotros somos creados por Dios, como los árboles, los animales, el mar, el Sol, la Luna, etc. Dios no creó países y por ende no creó las divisiones territoriales. Dios no creó las leyes humanas pero sí fundamentó unas leyes morales para alcanzar el fin de toda existencia humana, la eternidad junto a él.

La separación de lo civil con lo religioso está bien en un sentido pero es absurdo en otro sentido aún mayor. Está bien porque ningún religioso, ningún consagrado en ejercicio de su vocación debe ejercer cargos políticos, públicos. Esto, porque además de que ya hay una franca experiencia histórica de fracaso en torno a ello, conlleva, se quiera o no, a una especie de fundamentalismo moral que no es apropiado para aquellos, que por libre voluntad deciden no creer o no practicar. En este plano, más amplio, la política y las leyes deben alcanzar a todas las clases sociales, a todas las personas por igual. Pero a su vez es absurdo si con esta lógica pretendiéramos hacer a Dios una suerte de accesorio cultural de una sociedad, en una franca, deshonesta y vil actitud de ingratitud a ese ser que nos lo dio todo por amor.

Si Dios aplicara esa lógica civil que buscamos nosotros aplicar, solo repartiría su amor a los que le son fieles, leales. A los ateos, corruptos y pecadores no les daría más que la espalda y su indiferencia. Pero no, “El hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos”.  (Mateo 5,45). Es más, Jesús se encarnó no por los sanos sino por aquellos que en pecado vivían alejados de él <“Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los que están enfermos; no he venido a llamar a justos, sino a pecadores” (Mateo 2,17)>. Me pregunto yo: ¿cómo podrá Jesús evangelizar a los enfermos, a los que no le conocen, si en el plano civil no se respeta ni se reconoce la voluntad de Dios?, pero más aún, ¿cómo un cristiano puede poner por encima de Dios lo humano, cuando lo humano contradice, explícitamente, la voluntad de su creador?

Uno no sale de su asombro porque esto no se trata de juzgar, ni ponderar pecados o de medir la moral de las personas para ver quién tiene más derecho de opinar por encima de otros porque su moral sea “mejor” o de quiénes sean más moralmente coherentes. No se trata de comparar santidades ni de comparar pecados, los míos (que son muchos) con los del resto. Acá hablamos de un peligro, de abrir puertas, de crear tendencias irreversibles que pueden llevar a una sociedad en pleno de desvincularse del verdadero Dios por construirse un “becerro de oro”. (Éxodo 32).

La sociedad tiene el derecho de construir las leyes que quiera, inclusive si esas leyes van en franca oposición con lo que la Iglesia enseña, pero la Iglesia también tiene EL DEBER de opinar cuando estas leyes contradicen los designios revelados por Dios para el hombre, porque  las leyes que la Iglesia custodia no son solo para sus miembros, la Iglesia no es un club y los mandamientos unos reglamentos internos, la Iglesia representa la luz que nos guía al camino para la salvación (ese puente del que habla la Doctora Santa Catalina de Siena en sus “diálogos” con Dios”).

Como reflexión final, porque abordar este tema completo más que para artículo sería para un libro, a los cristianos católicos bautizados, confirmados y que dicen seguir esta fe: No somos perfectos, es verdad que nuestras fallas y pecados preceden cualquier pretensión de opinar sobre la moral del mundo. Pero, esto no se trata de defender nuestras ideas o criterios. Con la Iglesia no podemos ser como una gota de aceite en el agua, flotamos en ella pero no terminamos de formar parte plena de su pureza, de su riqueza, de esa agua que quita para siempre la sed. Con la Iglesia somos todo o al final solo fuimos nosotros. Siglos de verdad, de martirio, de persecuciones, no pueden acabar con un plumazo legal y con el triste apoyo, hoy de colores pero que mañana será sombra y grises para nuestra alma. Ya Jesús recibió  flagelación, espinas y clavos por nuestros pecados, ¿qué más dolor le queremos dar? Dios los bendiga, nos vemos en la oración.

lunes, 22 de junio de 2015

¿Y SI NO IBA PADRE FORTEA?






¡Qué dura es la vida de un sacerdote y cuan incomprendida se vuelve cuando esta se asemeja más a y más a la de Jesús!. Tras lo recientemente vivido por usted en la entrevista donde, según  lo expresa, le hicieron pasar un mal momento, rayando casi en la humillación y la burla, del programa “Al rincón de pensar” del periodista Risto Mejide, la crítica primera que seguramente le llegue es: ¿y para qué fue querido Padre?

Si algo caracterizó a la vida de Jesús era precisamente no lograr complacer con sus decisiones a quienes le rodeaban. Judíos le cuestionaban duramente sus visitas y cercanías con publicanos, samaritanos, cobradores de impuestos; y los no judíos seguramente le veían con cierta desconfianza, muchos se le acercarían por interés, por curiosidad, por buscar milagros. Así, el afecto sincero a Jesús sin duda debió ser de muy pocos.

Jesús no le simularon una entrevista junto a una actriz pornográfica, a Jesús le tocó recibirlas (Lucas 7,36-50), perdonarlas (Juan 8,1-11); es decir, Jesús expresó su amor a todos por igual, sin medir consecuencias, porque como dijo San Agustín: “La medida del amor es amar sin medida”.

Uno podría pensar, estimado Padre, a quien con gran honestidad le profeso muchísima admiración, que usted “pecó” de ingenuidad, que su buena intención recogida en esta frase: “quería que la fe apareciera en los medios. En unos medios en los que se la ha apartado completamente”, no fue ponderada por esta advertencia de nuestro salvador cuando nos dijo: “sed astutos como las serpientes” (Mateo 10,16). Pero es que nosotros tendemos medir la inmediatez de nuestras decisiones y a veces restamos importancia a la buena semilla que deja el llevar a Dios aún a mentes que se creen superiores a la fe, que miran la religión como una expresión cultural y seguramente verán a los sacerdotes como hombres disfrazados de una ideología, cuando llevan con honor y dignidad sus hábitos.

Pienso que a Jesús el pensamiento colectivo inmediato, cuando aquella mujer en Betania, prostituta reconocida, le lavó sus pies y lo ungió con perfume, debió ser el mismo que hoy gira de forma mediata en torno a usted. Pero, en mi humilde opinión, usted no se equivocó, se equivocó la pobreza del entrevistador que desperdició su valiosa presencia, su formación teológica, su centrada y fiel doctrina católica, sus testimonios y expereincias. por pretender vender, en un show mediático, de minutos, un escándalo fugaz.
Periodistas así, si tuvieran que entrevistar al mismísimo Jesús, recibirían probablemente de nuestro salvador las mismas respuestas que recibió Herodes previo al viacrusis, EL SILENCIO. Pero ni usted, ni yo, ni nadie estamos en la capacidad de medir lo que hay en las voluntades de las personas y como mandato divino, estamos llamados a ir y evangelizar a donde nos llamen, así sea solo con nuestra presencia que ya de por sí nos vincule a Dios.

Hoy se mide el escándalo. Pero ¿a qué peligro tan grande se expuso Risto Mejide?; se expuso a la semilla del evangelio. Y ¿por qué lo llamo peligro?, porque es mi manera sarcástica de ilustrar que Mejide, en su caballo de orgullo, rating y publicidad, puede en cualquier momento recibir la luz que lo tumbe de su corcel y le doblegue en segundos ante la verdad, la misma luz que recibió Saulo antes de llamarse Pablo.

Yo lo felicito Padre. Su enemigo que es el mismo que compartimos todos los que profesamos amor a Jesús, es un “león rugiente buscando a quien devorar” (1Pedro 5,8). Y usted, un soldado de Cristo por la fe, que ha batallado vívidamente con este ángel caído, con condenados, usted que conoce su odio hacia Dios, sabe que este buscará satirizar lo sagrado, lo sacramental. Usted fue una oveja entre lobos pero que dejó a esos lobos con hambre, porque su pastor, ese que le conoce y cuya voz usted también sabe reconocer, (Juan 10,27), lo protegerá hasta el tiempo en que le dirá: “Gracias Antonio, hoy yo no me avergüenzo de ti porque cuando pudiste tú sentir vergüenza de mí seguiste adelante”. Dios lo bendiga Padre Fortea, nos vemos en la oración.

Lic. Luis Tarrazzi