viernes, 25 de abril de 2014

SABES QUE TE AMO AUNQUE TE FUI INFIEL




Tradicionalmente se puede escuchar decir que si una persona te amara no te sería infiel, algo que aunque de entrada pareciera cierto, considero que no lo es del todo. 
Para entender esta separación entre fidelidad y amor tendríamos que incluir las palabras: instinto, razón y compromiso. El instinto como respuesta básica del hombre ante estímulos visuales, táctiles o auditivos que nos inviten a un hedonismo mediático, preferiblemente sin ningún tipo de compromiso derivado. La razón porque es la única que nos diferencia explícitamente de los animales y a su vez la única capaz de controlar esos instintos, extrapolando el más allá de la acción mediática (las consecuencias). Y el compromiso porque es la clave de la fidelidad, por encima del amor mismo.
Yo he escuchado conocidos decir que aunque son infieles, su esposa es la mujer que aman y no dejarían, y cuando lo hablan lo dicen con profunda sinceridad, aunque considero con una gran distorsión del compromiso asumido cuando decidieron jurarse ante Dios o ante la sociedad un amor juntos. 
Amar sin comprometerse es posible pero no es lo ideal. Sería como tener un vicio de fumar o beber y a la vez ir tres veces por semana al gimnasio para cuidarnos la salud, posible pero absurdo.
El compromiso se puede medir, el amor no. El compromiso da signos claros como los niveles de responsabilidad, valor de la palabra, lo ordenado que somos con nuestros asuntos personales, la puntualidad, estabilidad en nuestras decisiones; etc, y son esos signos los que se deben ponderar a la hora de aceptar a una persona como pareja o compañero(a) de vida. El amor a veces se sintetiza con un simple “te amo”, pero un te amo vacío, con el tiempo, se seca y no da frutos.
Una persona infiel es una persona inmadura para los compromisos emocionales. Podrán ser inclusive emprendedores, carismáticos o siendo más explícitos, grandes amantes, pero inestables en el fundamento del amor, el compromiso, que nos permite decir NO cuando se intenta filtrar una experiencia que la razón te dicta hará daño a quien confía en ti.
Quizás esta es la médula del asunto. El noviazgo debe permitir conocer los niveles de compromiso de la persona, su madurez, sus valores. Porque aunque suene duro, la emoción de un te amo en un matrimonio puede durar tres años (siendo optimistas) y lo que sustentará el resto de los años es el compromiso y respeto que se tengan. Dios los bendiga, nos vemos en la oración.

Lic. Luis Tarrazzi

domingo, 30 de marzo de 2014

IGLESIA PECADORA SIN CONCIENCIA DE PECADO


Todas las cosas sobre las que escribo por lo general surgen como una reacción ante algo que he escuchado o vivido, aunque esta fuente de origen casi nunca la doy a revelar explícitamente. No obstante sobre este artículo lo diré. Surge producto de escuchar una homilía en donde el sacerdote oficiante, hombre de Dios, no profirió palabras muy agraciadas sobre la Iglesia Católica, en especial sobre el código de derecho canónico. Su homilía surgió del evangelio en el que Jesús curó a un ciego de nacimiento un día sábado, lo cual se entendía como una ofensa a la Ley. El padre mencionó que Moisés había dejado 10 mandamientos y que los fariseos lo habían llevado a 613 leyes. Y que nosotros los cristianos habiendo recibido de Jesús solo dos mandamientos (ambos del amor), habíamos creado más de 1700 con el código de derecho canónico. También habló de la importancia de ser cristianos coherentes desde el amor, sin juzgarnos y respetando las diferencias.

Lo primero en señalar es que considero que lo último que necesita nuestra amada Iglesia es sufrir críticas desde sus propios miembros. No porque las críticas sean malas en sí, sino porque cuando estas no se hacen desde la caridad y sin un compromiso de mejorarla entre todos, se contribuye a un éxodo a otras denominaciones religiosas y en sí se relativiza la verdad depositada en ella. Recordemos que Iglesia somos todos los bautizados. Otro peligro en el razonamiento “popular” de la fe, visto solo desde un amor CONSENTIDOR y no EDUCADOR, es que como Dios es PURO amor, ese amor no nos juzgará sino que nos recibirá en su eternidad con nuestros defectos, pecados y dudas. Y como dice el apóstol Santiago, habrá un juicio sin misericordia para los que no practicaron la misericordia, pero la misericordia triunfará sobre el juicio. Y es que el juicio será tan perfecto como la misericordia, porque ambos al final buscan cumplir el deseo de Cristo de que seamos perfectos como Dios es perfecto. El código de derecho canónico es la norma que enmarca la vida del cristiano. Así como en toda familia deben existir normas de convivencia, este código, de carácter más civil y legal que dogmático, busca que el cristiano tenga respuesta ante hechos que no quedarían claros o serían a juicio del consumidor.

 No es correcto pretender establecer en la feligresía una suerte de fe popular, fe del pueblo, alejado del carácter espiritual y eterno de nuestra fe. La fe no es para este mundo sino para mirar al cielo y aspirar ver el rostro de Dios. Y necesitamos sabernos pecadores como el publicano, con humildad y vergüenza de nuestros pecados. Eso sí, confiando siempre en el perdón SACRAMENTAL de Dios y de su misericordia, ya que dudar de esto sería un pecado contra el ESPÍRITU SANTO, pecado que nos haría justificarnos desde la debilidad sin un compromiso de conversión, de cambio. Los sacerdotes no merecen nuestras críticas, sino nuestras oraciones. Así que oremos por nuestros pastores para que mantengan a la feligresía amando a su Fe, a su Iglesia y a sus enseñanzas. Dios los bendiga, nos vemos en la oración.

Lic. Luis Tarrazzi

martes, 4 de marzo de 2014

¿CUARENTA DÍAS PARA QUÉ?





A tan solo horas comenzará para los cristianos un nuevo tiempo de CUARESMA. Con las frases “polvo eres y en polvo te convertirás” o “conviértete y cree en el evangelio” el llamado pareciera siempre ser el mismo: Direccionar la brújula de nuestra fe.

Contrario a lo que muchos creen, el tiempo de cuaresma no es un tiempo para promesas y mucho menos para fingirnos una falsa contrición ante el pecado. Cuaresma no es la época del pescado para los viernes ni del viacrucis sistemático, narrativo y vacío. El tiempo de cuaresma es un tiempo de apartarse y de buscar a Dios en el silencio de nuestras conciencias y determinar hacia dónde vamos y si esa dirección nos está llevando a la eternidad.

Pienso que dos reflexiones derivan de este tiempo a la luz de esas frases que tradicionalmente acompañan este tiempo. La primera “Polvo eres y en polvo te convertirás”; me recuerda la finitud de mi existencia. Esta vida, la única que conocemos, con sus placeres y dolores, tiene un necesario y preciso inicio y fin. Y durante esos dos límites pueden pasar o dejar de pasar muchas cosas. Una vida sin Dios es una eternidad sin él. El desprendimiento de esta vida, de sus placeres y sus metas, sin dejar de vivirla claro está, es la gran batalla que se nos plantea para la Cuaresma. Descubrir el sentido eterno de nuestra existencia y subirnos a ese barco, carro o avión que nos lleve por la vía segura a la salvación, camino que lo traza Cristo desde su única Iglesia, poseedora, no dueña, de la riqueza de la verdad.

La segunda frase “conviértete y cree en el evangelio” no puede desvincularse de la primera. No es una u otra, sino la una con la otra. Evangelio demanda EXCLUSIVA fidelidad, alejada de idolatrías baratas, supersticiones, ocultismo, santería. Es decir como la frase de Santa Teresa: “Solo Dios basta”. Es comprometernos con la verdad depositada en la doctrina y dogmas cristianos, amor a la Iglesia, mejorar y sincerar nuestros procesos pastorales, alejándolos de la esterilidad y la monotonía sistemática educativa. Haciendo nuestra fe una vivencia y no solo un conocimiento. Viendo el Cristo que hay en mí en el reflejo de mi hermano, pareja, familia e inclusive del extraño. Cuaresma es reconocer todo eso que hasta hoy me ha mantenido alejado de Dios y llorar… y que esas lágrimas motiven el fuego de mi espíritu por alcanzar la perfección de mi alma y por ende su amor infinito, misericordioso y eterno.

Cuaresma no son solo 40 días. Cuaresma es mi desierto personal, con el calor de mi conciencia y donde la única sed permitida sea la sed de Dios. Así como la mujer samaritana podremos descubrir y vivir  aquel que ofrece el agua que quita la sed para siempre, aquel que transforma los corazones y nos hace hijos adoptivos de la verdad y del amor. Que Dios los bendiga, nos vemos en la oración.

Lic. Luis Tarrazzi

viernes, 28 de febrero de 2014

FLEXIBILIZARNOS ANTE EL PECADO




Existe una extraña y peligrosa ilusión de que con el nombramiento del Papa Francisco como cabeza de la Iglesia Católica cambiarán percepciones y prohibiciones que actualmente tiene la doctrina católica sobre ciertas conductas del hombre. Temas tan conflictivos como la homosexualidad, el divorcio, el aborto, la eutanasia, el celibato, la anticoncepción. Cada vez que el papa menciona algo sobre alguno de estos temas, en particular la homosexualidad, el divorcio, como lo hace con un lenguaje amoroso y cercano al que vive esta condición, se genera la ilusión de un pronto cambio. Muchos afirman que el papa Francisco cambiará la Iglesia, la adaptará y por fin dejarán esa visión retrógrada el mundo.

La Iglesia necesita aceleradamente responder a los cambios del mundo actual. Pero responder no es sinónimo de adaptar y mucho menos de incoherencia. Lo que la Iglesia ha enseñado durante siglos no ha sido, aunque muchos crean lo contrario, el capricho de 20 cardenales o 100 obispos; no, ha sido, es y siempre será una expresión de la voluntad de Dios, el cual creemos es cabeza y motor de esta fe. De no serlo seríamos una especia de Institución, ONG o Movimiento Carismático sin conexión con el Altísimo.

Flexibilizarse con el pecador no implica flexibilizarse con aquello que nos aleja de Dios, el pecado. El pecado es la doctrina del enemigo de Dios. El pecado que ha condenado almas antes, hoy no puede entenderse como un error conceptual. La justicia divina, contraria a la de los hombres, es perfecta en misericordia y justicia. Siendo así, cuando Jesús le dijo a su primer papa, Pedro, “A ti te doy las llaves del Reino de los Cielos, lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo” sin duda, más que un gesto extremo de confianza, fue una declaración absoluto del vínculo indisoluble que siempre habría entre la Fe Cristiana Católica y la Eternidad de Dios. Que sus dogmas y doctrinas siempre serían cónsonos con la voluntad del Altísimo.

Sí, la Iglesia cambiará sus maneras de respuestas, seguramente habilitará nuevos caminos de salvación y de evangelización, pero jamás, jamás dirá que lo que antes era pecado hoy no lo será. Es cierto que han existido posturas desde el clero que han querido tener aperturas sobre temas como la anticoncepción o la comunión de los divorciados vueltos a casar, pero estos posturas, no dudo cargadas de buenas intenciones, se han encontrado con un no, porque lo que se podría creer un beneficio para las almas, al final lo que busca es una aceptación de la fe en masa, ante el temor de perderse presencia en la moral en la vida de los hombres. Y la fe, es como ese encuentro con Jesús y la gente luego de la multiplicación de los panes, narrado en el capítulo 6 de San Juan, en donde él revela que es el pan vivo bajado del cielo, que quien coma su carne y beba su sangre tendrá vida eterna. Ese discurso, señala el evangelio, provocó un éxodo de seguidores decepcionados ante aquellas declaraciones que parecían las palabras de un desequilibrado. Al irse la gente y quedarse Jesús con sus discípulos, este les pregunta: “Y ustedes también se irán”, respondiendo Pedro: “Señor, ¿a dónde iremos si tú tienes palabras de vida eterna?”. Esto lo entiendo yo así: <aunque seamos pocos, jamás sacrificaremos la verdad y la alegría de estar junto a ti para complacer a las masas>. Que dios los bendiga, nos vemos en la oración.

Lic. Luis Tarrazzi